Hace unos días celebramos el Día del Emprendedor. Uno de esos días marcados en el calendario para acordarnos de algo que debería tener algo más de valor social.

En este caso sirvió para seguir aprendiendo. Asistimos a una sesión más de información que de formación, aunque una información que pensamos tiene un gran valor objetivo y emotivo.
Conocimos a una asociación, SECOT, formada por profesionales y ejecutivos jubilados que de forma voluntaria y altruista ofrecen su experiencia y conocimientos en gestión empresarial.
Más allá de los servicios que ofrece esta asociación, nos llamó la atención que su portavoz nos trasladara a jóvenes (y no tan jóvenes) emprendedores que ellos vendán tranquilidad y paz.
Añadiría que ofrecen su tiempo y experiencia en favor del sostenimiento de proyectos empresariales y profesionales, que a la postre deben generar empleo y riqueza. Un ejemplo de voluntariado entorno a la empresa que, por otra parte, resulta cada vez más habitual y natural.
En otras sociedades como la japonesa, esta experiencia no se pierde en el momento de la jubilación. Se incentiva desde todos los ámbitos que esta experiencia se traslade a empresas y sectores económicos. Una formación en forma de mentoring empresarial que resulta una envidia para otros países y sociedades occidentales.









